Contexto de sector · Artículo 02

Durante años, muchas instaladoras fotovoltaicas no necesitaron hacer nada parecido a captar clientes. Bastaba con hacer buenas instalaciones y esperar: el vecino que veía las placas del tejado de al lado preguntaba, el electricista de siempre pasaba un contacto, el cliente satisfecho recomendaba a su cuñado. La agenda se llenaba sola.

Ese mecanismo sigue funcionando, pero ya no llena la agenda. No porque las empresas trabajen peor, sino porque las condiciones que lo hacían suficiente han cambiado. Conviene entender cuáles eran, porque explican por qué volver a intentarlo con más ganas no devuelve el resultado de antes.

El boca a boca funciona cuando hay más demanda que oferta

La recomendación no genera demanda: la reparte. Cuando hay muchas personas queriendo instalar y pocas empresas capaces de hacerlo, cualquier canal por débil que sea basta para llenar el calendario, porque el cliente ya venía decidido y solo necesitaba que alguien le dijera a quién llamar.

En cuanto entran más empresas al mercado, ese mismo canal reparte la misma cantidad de recomendaciones entre más manos. La empresa no ha empeorado. Simplemente ha dejado de ser una de las pocas opciones para pasar a ser una de muchas.

La recomendación llega tarde en el proceso de decisión

Hay un cambio de comportamiento que afecta más de lo que parece: hoy la mayoría de las personas investiga antes de preguntar. Buscan en internet, comparan, leen opiniones y se forman una idea aproximada del precio y del funcionamiento antes de hablar con nadie.

Eso significa que cuando llega la recomendación, esa persona ya tiene una lista mental de candidatas. La recomendación entra a competir dentro de una lista, no antes de que exista. Y si tu empresa no aparece en ninguna parte cuando esa persona investigó, la recomendación tiene que hacer todo el trabajo sola.

Es un canal que no se puede abrir ni cerrar

El problema práctico del boca a boca no es su calidad, que suele ser excelente: es su falta de control. No se puede subir el volumen cuando hay un hueco en el calendario, ni bajarlo cuando el equipo está saturado. Llega cuando llega.

Para una empresa pequeña que instala lo que le entra, eso puede ser suficiente. Para una que quiere planificar contrataciones, comprar material con antelación o sostener a un equipo comercial, no lo es. Un canal que no se puede regular no permite planificar.

Depende de instalaciones ya hechas

Hay una asimetría incómoda en este canal: genera oportunidades en proporción al trabajo ya realizado. Una empresa con muchas instalaciones detrás recibe muchas recomendaciones; una que acaba de pasar un trimestre flojo recibe pocas justo cuando más las necesita.

Es decir, amplifica la situación en la que ya estás en lugar de corregirla. Cuando las cosas van bien, va bien. Cuando van mal, va mal. Es exactamente lo contrario de lo que necesita un canal de captación.

Qué hacer con esto

La conclusión no es abandonar el boca a boca. Sigue siendo el canal con mejor tasa de cierre y el más barato, y conviene cuidarlo de forma activa en lugar de esperar a que ocurra: pedir la recomendación explícitamente al terminar una instalación, mantener el contacto con quienes ya son clientes, y facilitar que dejen su opinión donde otros la van a leer.

Lo que sí conviene abandonar es la idea de que basta. El boca a boca funciona bien como complemento de un sistema que genera demanda propia, y funciona mal como única fuente. La diferencia entre las empresas que crecen de forma estable y las que van a tirones no suele estar en la calidad del trabajo, sino en si tienen algo más además de la recomendación.

El primer paso es sencillo y no cuesta dinero: durante un mes, anotar de dónde viene cada persona que contacta. Al cabo de ese mes se ve con claridad qué proporción del negocio depende de un canal que no se puede controlar. Ese número suele ser la mejor razón para actuar.

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